
y el silencio, la solitud y la oscuridad acariciaron el sueno y los labios del recien nacido, palido en la luz de la luna, ojos negros y profundos, la lluvia cayo como disparos de las nubes, el techo, las ventanas, la reja y la puerta como gigantes en la noche, sus sombras creando monstruos en la oscuridad de la casa, en sus pasillos y rincones, en su tranquilidad, padres, tios y primos como arboles en el patio lejanos y misteriosos, cubiertos por la lluvia y la tristeza de la lejania, mientras el nino, este nino palido, seguia dormiendo y respirando en la profundidad de un sueno que nunca iba contar


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